Category: Technology


How firms innovate [UNU-Merit]

Recently released, here’s a good article on How firms innovate. It’s part of the working paper series of UNU-Merit. Enjoy!

How firms innovate: R&D, non-R&D, and technology adoption
C. Huang, A. Arundel & H. Hollanders

Non-R&D innovation is a common economic phenomenon, though R&D has been the central focus of policy making and scholarly research in the field of innovation. An analysis of the third European Community Innovation Survey (CIS-3) results for 15 countries finds that almost half of innovative European firms did not perform R&D in-house. Firms with weak in-house innovative capabilities and which source information from suppliers and competitors tend to innovate through non-R&D activities. In contrast, firms that engage in product innovation, find clients, universities and research institutions an important information source for innovation, or apply for patents or use other appropriation methods are more likely to perform R&D. However, non-R&D performers do not form a consistent block, with several notable differences between firms that use three different methods of innovating without performing R&D. Many of these determinants also influence the share of total innovation expenditures that are spent on non-R&D innovation activities. Furthermore, an analysis of the determinants of the share of each firm’s total innovation expenditures for non-R&D activities shows that the factors that influence how innovation expenditures are distributed is generally consistent across sectors and European countries.

UNU-MERIT Working Papers
ISSN 1871-9872

Full Text

Vivir en una ciudad científica

En los últimos 20 años los sistemas regionales de innovación han servido de marco conceptual para estudiar los procesos de cambio técnico y diseñar políticas para el desarrollo socio económico en una gran cantidad de países de Europa. Estas supraestructuras junto a sistemas de transferencia de conocimiento y parques científicos han empujado la creación, difusión y uso de tecnología y nuevas formas de organización.

Aún cuando estos sistemas tienden a aparecer en cualquier aglomeración; desde mi perspectiva, Dinamarca, Holanda e Inglaterra, y últimamente Finlandia se destacan en el estudio y desarrollo integral de sistemas de innovación nacionales y regionales. Al menos desde ahí proviene el mayor flujo de investigación al respecto.

La influencia de estos desarrollos ha transformado incluso los tradicionales procesos lineales de innovación, la dinámica push-pull entre ciencia y demanda se entiende hoy como procesos sociales de aprendizaje colectivo.

En este contexto las estructuras de mayor relevancia han sido los parques científicos; ejemplos icónicos como Silicon Valley y Cambridge logran dar cuenta de los más grandes cambios técnicos de las últimas décadas.

Si bien ambos casos se han transformado en modelos a seguir, los requerimientos de masa crítica han dejado fuera a ciudades pequeñas con tremendo potencial. Sobre esto las agencias de desarrollo regional y los gobiernos locales han surgido con dos soluciones interesantes.

En primer lugar, mover grandes empresas tecnológicas a regiones de baja densidad, en general éstas traen consigo grandes inversiones dado los requerimientos de infraestructra, y un sistema de aprovisionamiento externo que logra levantar parques científico-tecnológicos completos en poco tiempo; éste es el caso del reciente movimiento de parte de la BBC desde Londres al Mediacity en Manchester.

En segundo lugar, crear una nueva escala donde estos sistemas de innovación puedan alcanzar madurez utilizado de una nueva manera los recursos disponibles. Estas estructuras se han denomidado parques científicos extendidos; pequeñas ciudades dedicadas a la creación, difusión y uso de conocimiento.  Estas locaciones se caracterizan por contar con lo siguiente: universidades con fuerte orientación científica, focalización en tecnologías relevantes, promoción y apoyo a nuevos emprendimientos tecnológicos, un fuerte trabajo paralelo en desarrollo y fomento de la cultura, proyectos de regeneración de espacios urbanos dedicados a la innovación y por sobretodo compromiso institucional y social de largo plazo, todo esto direccionado a crear y atraer lo que Richard Florida denomina las 3T: talento, tecnología y tolerancia.

Desde hace algunos años que Inglaterra cuenta con 6 ciudades científicas, personalmente conozco los casos de Manchester Knowledge Capital y Newcastle Science City; y viviendo acá es fácil darse cuenta del impacto que proyectos como estos tienen en el desarrollo socioeconómico de regiones que hasta hace poco tiempo estaban sumidas en crisis post-industriales.

Aún estando conciente de las diferencias entre Europa y Chile, es difícil no pensar en las oportunidades que existen, y es más complejo aún evitar las ganas de ver en el futuro a lugares como Valdivia o Talca o La Serena como líderes regionales en ciencia y tecnología.

Publicado previamente en Revista Poder y Negocios

Management 10.0

Pablo Munoz

Honestamente no supe bien cómo titular esta columna, y finalmente opté por la nada-original denominación por versión, llevándola por supuesto lejos del 2.0 en el que están todos metidos.

La razón es el reciente lanzamiento de un extraño pero tremendamente interesante programa para ejecutivos. La SU University, nombre del proyecto educativo de Ray Kurzweil basado en la teoría de la Singularidad, está ofreciendo por primera vez un programa destinado a personas de empresa que buscan entender la naturaleza y el impacto de la aceleración de la tecnología.

Es un programa de 9 días diseñado para educar, informar y preparar ejecutivos para la inminente disrupción y oportunidades resultantes de la exponencial aceleración de la tecnología. El lugar: nada menos que en el Centro de Investigación Ames de la NASA en California, muy adhoc a la lista de temas que van a revisar los ejecutivos.

El curso va a revisar seis grandes áreas las cuales se caracterizan por estar experimentando cambios acelerados: inteligencia artificial y robótica, nanotecnología, biotecnología y bioinformática, medicina (life science) y máquinas humanas, interfaces, redes y sistemas, energía y medioambiente.

El desafío que se propone la Singularity University no es menor: preparar a la humanidad para el acelerado cambio tecnológico.

Si a alguien le interesan temas científico-futuristas recomiendo comenzar por revisar algún título de Kurzweil. Personalmente he tenido la posibilidad de asistir a conferencias de Kurzweil y leí hace un tiempo “Singularity is Near” y me parece buenísimo que estén comenzando a educar a las empresas en estos temas, los cuales además de estar revolucionando todo, estoy convencido que van a orientar a los ejecutivos a tener mejores empresas (más responsables, no necesariamente más rentables).

Además de la versión ejecutiva, tienen un programa extendido: El Graduate Studies Program, que cubre los mismos temas pero en un curso de verano de 9 semanas también en la NASA.

Puede parecer ciencia ficción muy lejos del mundo empresarial (según opinan algunos), pero si uno revisa en detalle el programa, la lista de participantes del último curso y las empresas que están sumándose, comienza a hacer sentido la existencia de estos programas.

Sería interesante tener alguna experienca de éstas en Chile, no le vendría mal un remezón a algunos somnolientos ejecutivos locales que viven dándose vueltas (y sacándose fotos) en congresos, seminarios, desayunos y otros donde conversan temas ya tratados hasta el cansancio y que poco impacto real tienen sobre nuestra vidas.

Felipe Jara

Probablemente ha escuchado hablar de Innovación en los últimos años. Muchas veces. Quizás demasiadas. Y lo que ocurre con mucha frecuencia es que lo que se escucha de innovación le torna en algo lejano y complicado, como por ejemplo, (i) que la innovación tiene que ver exclusivamente  con lo tecnológico (crear artefactos); (ii) que es algo relacionado a laboratorios y a gente con delantal; (iii) que es algo para lo cual se requiere una inspiración misteriosa, propia de los artistas o algunos iluminados y “creativos”.

Innovación NO es ninguna de las anteriores.  O al menos no exactamente. Vamos derribando mitos: primero que nada, Innovación es algo mucho más amplio que tecnología. Hoy está demostrado que las innovaciones que provienen, por ejemplo, de cambios incrementales o radicales en los modelos de negocios de las organizaciones (el qué se vende, a quién y cómo – para decirlo de forma sencilla) tienen un retorno muchas veces mayor al de las innovaciones tecnológicas (entendiendo por éstas, donde se “crea” un nuevo artefacto que sirve para algo útil).

En segundo lugar, la imagen de los laboratorios y delantales blancos refiere más a investigación y desarrollo (I+D) que a innovación. Por cierto, la investigación y desarrollo lleva a innovaciones (sobre todo la que se realiza en las propias empresas), pero también lleva a generar aportes al conocimiento científico que no necesariamente se encarnan en innovaciones en el corto plazo (por ejemplo, la que se realiza en muchas universidades chilenas….que en muchos casos llega a la palabra “investigación” y de “desarrollo” tiene muy poco).

Finalmente, respecto al tema de la innovación y la inspiración. Me atrevería a decir – asumiendo el riesgo de caer en un conocido cliché- que la innovación es más transpiración y método que inspiración. Por cierto que se requiere de la inspiración; pero junto con reconocer eso, lo interesante es que la inspiración o la creatividad (para ponerle un nombre más conocido y práctico) se puede entrenar, desarrollar. O sea, no es el espacio de sólo algunos “llamados” a ser creativos. En otra columna abordaremos el cómo se desarrollan capacidades de creatividad.

Por lo tanto, luego de estas distinciones, una primera buena noticia es que todos podemos ser creativos y que todos podemos innovar. Es mucho más sencillo que lo que parece a simple vista. Al menos un poco más sencillo.

Creatividad dice relación con una idea nueva y útil. Innovación es más bien la implementación exitosa de esa idea novedosa y útil, que habitualmente se orienta a resolver un problema o necesidad. El que la idea sea implementada exitosamente depende, por cierto, de muchos factores. Y sobre todo del contexto sobre el cual estamos hablando.

Si somos una empresa que pretende lograr competitividad en el mediano y largo plazo, mediante un liderazgo diferenciador, la idea útil y novedosa debe convertirse en un producto o servicio o bien en un proceso o modelo de organización o venta, capaz de otorgar a esa empresa el liderazgo buscado en esa industria, en el mediano y largo plazo.  Eso significa, en pocas palabras, un determinado nivel de ventas y retorno sobre la inversión; una cierta fidelidad de los clientes, etc. Y eso dependerá de muchas cosas: del recursos humano con el que cuento; del acceso a redes tecnológicas y científicas; del recurso financiero con el que cuento; de los competidores en el mercado y su propias innovaciones que competirán con la mía; de mi inteligencia de marketing; etc.

Si el contexto es el de una persona, que pretende lograr una innovación, por ejemplo, en la forma de gestionar su propia vida, hablaríamos de un proceso similar: que la idea útil y novedosa logre proveerle de un beneficio duradero en relación con la meta o deseo que esa persona se planteó (por ejemplo, completar un post-grado que le servirá para ser más competitivo en el mercado; o adentrarse en el conocimiento de una determinada actividad complementaria, con el ánimo de desarrollar un hobby e “implementarlo de forma exitosa” – por ejemplo, que le reporte satisfacción personal, relajo, etc.). Esto también dependerá de muchos factores, como por ejemplo, de las expectativas realistas sobre el hobby que quiero desarrollar en relación a las propias competencias personales; los recursos financieros para acceder a éste; el tiempo disponible que tendré para practicarlo; etc.

Ahora bien, qué es “gestionar la innovación”. Al ser la innovación un proceso más que un “minuto de inspiración”, se puede gestionar. Y así lo han demostrado diversas investigaciones y  testimonios de managers de empresas altamente innovadoras; también esto es confirmado por el cada vez mayor número de universidades que dictan postgrados en Gestión de la Innovación, tanto en Chile como en el extranjero.

Gestionar la innovación significa entenderla como un Viaje. En efecto, la innovación es un viaje donde las personas de una organización transitan por distintas etapas. Típicamente son 4: una etapa de búsqueda de ideas, donde priman las formas de pensamiento divergente. El objetivo es “abrir el naipe” y buscar –mediante el uso de distintas metodologías- una gran cantidad de ideas en el campo de acción donde nos hemos puesto como meta innovar. Una segunda etapa dice relación con explorar dichas ideas y seleccionar las más promisorias. Esta etapa es claramente de convergencia: se trata de lograr, a través de la aplicación de distintas herramientas y tecnologías, seleccionar aquellas ideas que más “nos suenan” como posibles de tener un impacto grande y una “implementación exitosa”. Una tercera etapa dice relación con convertir las ideas seleccionadas en Proyectos factibles de llevar adelante. Esto significa, entre otras cosas, desarrollar para cada idea un modelo y un plan de negocio. Como se dijo más arriba, la meta acá es lograr que cada idea seleccionada llegue a un nivel de concreción tal que quede claro, al menos: cuál es la innovación propuesta; a quiénes se dirige; cómo llegará a los clientes o consumidores; en qué momento lo hará y a qué precio lo hará; qué nivel de inversión requiere su desarrollo, etc. Con esta información lo más detallada posible será prudente pasar a la cuarta etapa, que es la concreción misma de la innovación: el diseño inicial, el prototipeo, su comercialización, etc.

Así, hemos visto que la innovación tiene mucho de mito hoy en día. Es algo mucho más alcanzable de lo que parece. Me pregunto cuántas posibilidades de innovación se están perdiendo (y consecuentemente todos los beneficios económicos, sociales, personales y medio-ambientales que éstas puedan traer) por estar tratando de crear los nuevos “iphones”, “googles”, etc. Innovar no es fácil; es un proceso donde uno no sabe a ciencia cierta los resultados que obtendrá. Pero es más sencillo de lo que habitualmente se cree. Es mucho más democrático; no está reservado solamente a alguna elite llena de postgrados o de altos niveles de “inspiración creativa”. No crea en eso.

Pablo Muñoz

Alguna vez se han preguntado por qué las mejores ideas se les ocurren en lugares y situaciones extrañas, como cuando nos estamos duchando, o lavándonos los dientes, o subiendo a un ascensor, o segundos antes de dormirnos; y no frente al computador en nuestros lugares de trabajo. Acá va una de las respuestas.

La Universidad de British Columbia en Canadá ha venido estudiando este fenómeno en base a imágenes del cerebro (resonancias magnéticas). En una investigación orientada en monitorear el funcionamiento del “Daydreaming Brain” (cerebro que sueña de día), han podido establecer que esta función, la cual piensa y resuelve problemáticas mientras ejecutamos tareas rutinarias, es tremendamente activa.

Las imágenes captadas por las resonancias muestran que las zonas iluminadas mientras resolvemos problemáticas son las mismas zonas llamadas áreas de acciones predeterminadas (no sé si es el nombre exacto para default areas), y no son las mismas que aquellas que se iluminan cuando realmente nos esforzamos por resolver problemas. En otras palabras, es más probable que seamos más eficientes resolviendo problemas cuando ejecutamos tareas rutinarias que cuando nos sentamos frente al computador decididos a resolver un problema.

El hallazgo mencionado fue establecido después de darse cuenta que la parte del cerebro que controla la “red ejecutiva”, la cual se vincula con resoluciones complejas de alto nivel y se ubica en la corteza prefrontal lateral, podía estar activa junto con la parte del cerebro que controla la red de acciones predeterminadas, aquella que administra rutinas mentales sencillas y se ubica fundamentalmente en la corteza prefrontal media. Originalmente se pensaba que estas dos redes neuronales funcionaban por separado, cuando una se activaba la otra estaba dormida y no había actividad paralela. No había conciencia de que mientras ejecutamos tareas rutinarias una parte importante del cerebro sigue preocupado por resolver problemas complejos.

La cantidad y calidad de actividad cerebral encontrada en estas instancias sugiere que las personas se encuentran mejor preparadas para resolver problemas complejos cuando no están concentradas en ello. En situaciones que se requiere altos niveles de resolución al parecer es mejor cambiar a actividades simples y dejar que el cerebro piense.

Cuando soñamos despiertos ejecutando tareas rutinarias sencillas puede que no estemos intentando cumplir metas específicas de forma conciente, pero son justamente esas instancias las que aprovecha el cerebro para trabajar los cuestionamientos más complejos.

Esto no deja de ser interesante, cada vez que me toca realizar clases de gestión de innovación pregunto a los alumnos dónde se les ocurren las mejores ideas y nunca me han respondido “en la pega”. Lo que debiera inquietar a gerentes y dueños de empresa entonces es qué debe ocurrir en el lugar de trabajo para que a las personas se les ocurran las mejores ideas ahí.

Los entornos de trabajo diseñados por Google, Pixar y otras compañías líderes en innovación están orientados a esto; favorecen que las personas puedan tener las mejores ideas en el trabajo y no fuera de el.

Creo que ya hay suficiente información e investigaciones para que con toda tranquilidad lleguen mañana a la pega y se pongan a destruir los cubículos y todos aquellos espacios y procesos que impiden que se generen buenas ideas.

Fuente: Science Daily
PNAS Artículo completo