Category: R&D


How firms innovate [UNU-Merit]

Recently released, here’s a good article on How firms innovate. It’s part of the working paper series of UNU-Merit. Enjoy!

How firms innovate: R&D, non-R&D, and technology adoption
C. Huang, A. Arundel & H. Hollanders

Non-R&D innovation is a common economic phenomenon, though R&D has been the central focus of policy making and scholarly research in the field of innovation. An analysis of the third European Community Innovation Survey (CIS-3) results for 15 countries finds that almost half of innovative European firms did not perform R&D in-house. Firms with weak in-house innovative capabilities and which source information from suppliers and competitors tend to innovate through non-R&D activities. In contrast, firms that engage in product innovation, find clients, universities and research institutions an important information source for innovation, or apply for patents or use other appropriation methods are more likely to perform R&D. However, non-R&D performers do not form a consistent block, with several notable differences between firms that use three different methods of innovating without performing R&D. Many of these determinants also influence the share of total innovation expenditures that are spent on non-R&D innovation activities. Furthermore, an analysis of the determinants of the share of each firm’s total innovation expenditures for non-R&D activities shows that the factors that influence how innovation expenditures are distributed is generally consistent across sectors and European countries.

UNU-MERIT Working Papers
ISSN 1871-9872

Full Text

Felipe Jara

Probablemente ha escuchado hablar de Innovación en los últimos años. Muchas veces. Quizás demasiadas. Y lo que ocurre con mucha frecuencia es que lo que se escucha de innovación le torna en algo lejano y complicado, como por ejemplo, (i) que la innovación tiene que ver exclusivamente  con lo tecnológico (crear artefactos); (ii) que es algo relacionado a laboratorios y a gente con delantal; (iii) que es algo para lo cual se requiere una inspiración misteriosa, propia de los artistas o algunos iluminados y “creativos”.

Innovación NO es ninguna de las anteriores.  O al menos no exactamente. Vamos derribando mitos: primero que nada, Innovación es algo mucho más amplio que tecnología. Hoy está demostrado que las innovaciones que provienen, por ejemplo, de cambios incrementales o radicales en los modelos de negocios de las organizaciones (el qué se vende, a quién y cómo – para decirlo de forma sencilla) tienen un retorno muchas veces mayor al de las innovaciones tecnológicas (entendiendo por éstas, donde se “crea” un nuevo artefacto que sirve para algo útil).

En segundo lugar, la imagen de los laboratorios y delantales blancos refiere más a investigación y desarrollo (I+D) que a innovación. Por cierto, la investigación y desarrollo lleva a innovaciones (sobre todo la que se realiza en las propias empresas), pero también lleva a generar aportes al conocimiento científico que no necesariamente se encarnan en innovaciones en el corto plazo (por ejemplo, la que se realiza en muchas universidades chilenas….que en muchos casos llega a la palabra “investigación” y de “desarrollo” tiene muy poco).

Finalmente, respecto al tema de la innovación y la inspiración. Me atrevería a decir – asumiendo el riesgo de caer en un conocido cliché- que la innovación es más transpiración y método que inspiración. Por cierto que se requiere de la inspiración; pero junto con reconocer eso, lo interesante es que la inspiración o la creatividad (para ponerle un nombre más conocido y práctico) se puede entrenar, desarrollar. O sea, no es el espacio de sólo algunos “llamados” a ser creativos. En otra columna abordaremos el cómo se desarrollan capacidades de creatividad.

Por lo tanto, luego de estas distinciones, una primera buena noticia es que todos podemos ser creativos y que todos podemos innovar. Es mucho más sencillo que lo que parece a simple vista. Al menos un poco más sencillo.

Creatividad dice relación con una idea nueva y útil. Innovación es más bien la implementación exitosa de esa idea novedosa y útil, que habitualmente se orienta a resolver un problema o necesidad. El que la idea sea implementada exitosamente depende, por cierto, de muchos factores. Y sobre todo del contexto sobre el cual estamos hablando.

Si somos una empresa que pretende lograr competitividad en el mediano y largo plazo, mediante un liderazgo diferenciador, la idea útil y novedosa debe convertirse en un producto o servicio o bien en un proceso o modelo de organización o venta, capaz de otorgar a esa empresa el liderazgo buscado en esa industria, en el mediano y largo plazo.  Eso significa, en pocas palabras, un determinado nivel de ventas y retorno sobre la inversión; una cierta fidelidad de los clientes, etc. Y eso dependerá de muchas cosas: del recursos humano con el que cuento; del acceso a redes tecnológicas y científicas; del recurso financiero con el que cuento; de los competidores en el mercado y su propias innovaciones que competirán con la mía; de mi inteligencia de marketing; etc.

Si el contexto es el de una persona, que pretende lograr una innovación, por ejemplo, en la forma de gestionar su propia vida, hablaríamos de un proceso similar: que la idea útil y novedosa logre proveerle de un beneficio duradero en relación con la meta o deseo que esa persona se planteó (por ejemplo, completar un post-grado que le servirá para ser más competitivo en el mercado; o adentrarse en el conocimiento de una determinada actividad complementaria, con el ánimo de desarrollar un hobby e “implementarlo de forma exitosa” – por ejemplo, que le reporte satisfacción personal, relajo, etc.). Esto también dependerá de muchos factores, como por ejemplo, de las expectativas realistas sobre el hobby que quiero desarrollar en relación a las propias competencias personales; los recursos financieros para acceder a éste; el tiempo disponible que tendré para practicarlo; etc.

Ahora bien, qué es “gestionar la innovación”. Al ser la innovación un proceso más que un “minuto de inspiración”, se puede gestionar. Y así lo han demostrado diversas investigaciones y  testimonios de managers de empresas altamente innovadoras; también esto es confirmado por el cada vez mayor número de universidades que dictan postgrados en Gestión de la Innovación, tanto en Chile como en el extranjero.

Gestionar la innovación significa entenderla como un Viaje. En efecto, la innovación es un viaje donde las personas de una organización transitan por distintas etapas. Típicamente son 4: una etapa de búsqueda de ideas, donde priman las formas de pensamiento divergente. El objetivo es “abrir el naipe” y buscar –mediante el uso de distintas metodologías- una gran cantidad de ideas en el campo de acción donde nos hemos puesto como meta innovar. Una segunda etapa dice relación con explorar dichas ideas y seleccionar las más promisorias. Esta etapa es claramente de convergencia: se trata de lograr, a través de la aplicación de distintas herramientas y tecnologías, seleccionar aquellas ideas que más “nos suenan” como posibles de tener un impacto grande y una “implementación exitosa”. Una tercera etapa dice relación con convertir las ideas seleccionadas en Proyectos factibles de llevar adelante. Esto significa, entre otras cosas, desarrollar para cada idea un modelo y un plan de negocio. Como se dijo más arriba, la meta acá es lograr que cada idea seleccionada llegue a un nivel de concreción tal que quede claro, al menos: cuál es la innovación propuesta; a quiénes se dirige; cómo llegará a los clientes o consumidores; en qué momento lo hará y a qué precio lo hará; qué nivel de inversión requiere su desarrollo, etc. Con esta información lo más detallada posible será prudente pasar a la cuarta etapa, que es la concreción misma de la innovación: el diseño inicial, el prototipeo, su comercialización, etc.

Así, hemos visto que la innovación tiene mucho de mito hoy en día. Es algo mucho más alcanzable de lo que parece. Me pregunto cuántas posibilidades de innovación se están perdiendo (y consecuentemente todos los beneficios económicos, sociales, personales y medio-ambientales que éstas puedan traer) por estar tratando de crear los nuevos “iphones”, “googles”, etc. Innovar no es fácil; es un proceso donde uno no sabe a ciencia cierta los resultados que obtendrá. Pero es más sencillo de lo que habitualmente se cree. Es mucho más democrático; no está reservado solamente a alguna elite llena de postgrados o de altos niveles de “inspiración creativa”. No crea en eso.

Pablo Muñoz

De acuerdo a la National Venture Capital Association en Estados Unidos, la industria de la biotecnología y otras de desarrollo científico altamente especializado están atrayendo la gran mayoría de los capitales de riesgo (venture capital); si uno hace el ejercicio de mirar esta tendencia a futuro hace bastante sentido pensar que vamos a encontrar una nueva generación de científicos emprendedores. En este contexto, el estar en camino de obtener un PhD en estos años puede ser el mejor entrenamiento para convertirse en un emprendedor innovador, fenómeno muy similar al de aquellos que estudiaron computer science en los noventa.

En esta línea, la Fundación Ewing Marion Kauffman acaba de anunciar el financiamiento y mentoring para el desarrollo y comercialización de los hallazgos científicos (First Class of Postdoctoral Entrepreneurship Fellows) de 13 investigadores postdoctorados. Lesa Mitchell, Vice Presidenta de Innovación Avanzada de la Fundación indicó, en una entrevista a Business Week, que la recuperación económica va a suceder a través del emprendimiento innovador, el cual puede ayudar a potenciar el crecimiento, para estos fines la fundación está enfocada en la construcción de vías entre PhDs, MDs y capitales de riesgo (venture capitals)”.

En la actualidad una gran cantidad de empresas e inversionistas están prestando especial atención al trabajo científico de PhDs, no sólo para contratarlos directamente, sino además para buscar a través de ellos nuevos mercados en industrias de desarrollo científico altamente especializado.

En otras industrias se están dando situaciones muy similares, por un lado podemos encontrar alianzas históricas como la establecida entre las empresas de innovación de Palo Alto (IDEO entre otras) y la D School de Stanford, donde no sólo se preparan design thinkers, biomecánicos y antropólogos sino también se incuban de manera conjunta proyectos de investigación científica de alto impacto, y por otro lado encontramos estrategias corporativas que se sustentan en la cercanía a las comunidades académicas. Este último es el caso de Pixar, que establece como uno de sus pilares operativos el mantenerse cerca de las innovaciones que puedan ocurrir al interior de las comunidades académicas (HBR, sept’08), y esta cercanía la logran integrando la investigación de las áreas técnicas de la compañía a la investigación científica de las universidades, participando y aprendiendo de manera conjunta en conferencias y otras instancias de intercambio académico.

No hace mucho tiempo los PhDs tendían a ser observados como seres extraterrestres cuya conexión al mundo real era bastante tangencial y de participación esporádica, y muchas veces, si bien admirados, subvaluados fuera de la comunidad académica.

Es interesante observar como estamos pasando a una nueva comprensión de las comunidades de PhDs, de considerar a estos individuos como bichos raros cuyos aportes son generalmente incomprendidos por el mundo empresarial, a una nueva fuente de emprendimiento innovador de alto impacto, que no sólo llama la atención desde el punto de vista técnico, sino también desde el punto de vista empresarial.

Pablo Muñoz

Revisando documentación sobre innovación sustentable de la Universidad Tecnológica de Delft en Holanda, encontré un documento interesante que hace referencia a la necesidad de avanzar a una tercera generación de R&D; lo cual se define en base a las formas de organización y la búsqueda de eficacia y eficiencia.

Una buena forma de empezar sería clarificar de qué se tratan las otras generaciones.

La primera generación se caracteriza por la falta de un marco estratégico para la gestión de la tecnología y de la misma invetigación+desarrollo. La alta dirección tiene una pequeña participación en la definición de programas y proyectos de innovación, y se limitan a revisar las aprobaciones de presupuestos de los años siguientes. Son áreas típicamente estructuradas sobre centros de costos científicos u otra disciplina de la ingeniería y existen claras faltas de confianza desde la dirección general respecto al aporte de valor de la gestión de R&D. El problema para una compañía que opera con R&D de primera generación es que cuando esta última produce resultados se hace muy compleja su integración a las necesidades del negocio.

La segunda generación es el estado transitorio entre los estilos intuitivos y proactivos de gestión. Esta generación provee el comienzo de un marco estratégico para el trabajo de R&D orientado a establecer puentes de diálogo entre los proyectos de investigación y el negocio. Lo anterior se logra entendiendo que la organización es ahora un cliente externo. Al igual que la primera generación, la segunda también se tiende a centralizar en investigación básica y radical, distribuyendo al final de la línea sólo R&D incremental al negocio. Aún cuando existe avance importante en relación a la primera, sobre todo considerando el marco estratégico y la vinculación al negocio, aún existe un gap importante con el mercado; por un lado la gente de marketing generalmente tiene poco conocimiento respecto a cuáles serán las necesidades del mercado en un plazo de 5 años (entendiendo que este es el timing aproximado de los enfoque más tradicionales de R&D), y por otro, es usual que la gente de R&D tenga poco acceso a información de mercado.

La tercera generación busca crear unidades de negocio transversales y un portafolio de R&D estratégicamente balanceado a lo largo de la organización, formulado de manera conjunta entre la dirección general y la gestión de R&D. En términos filosóficos, una tercera generación crea un espíritu de colaboración y confianza mutua entre la dirección general y los equipos de investigación. Ellos de forma conjunta exploran, miden y deciden el qué, cuándo, por qué y cuánto R&D.

Una compañía operando bajo una tercera generación busca organizar su investigación y desarrollo de una forma tal que quiebre el aislamiento del R&D del resto de la compañía.

Esta tipología de empresas establece que la mejor forma de administrar el R&D es trabajarla sobre una matriz: un marco estratégico que vincule la investigación y las necesidades de mercado y de la compañía, unidades de negocios de R&D transversales y un portafolio estratégicamente balanceado.

Si bien es un planteamiento que tiene más de 15 años en el mundo académico, es una perspectiva bastante moderna dado que apuesta a generar una suerte de simbiosis interna, lo cual se presenta como muy necesario para la evolución del R&D al interior de las compañías latinoamericanas.

Fuente: Rousel, Saad, Erickson. Third Generation R&D, managing the linking to corporate strategy